Cultura de Calidad: El Verdadero Cambio que Necesita la Industria Peruana

Por Monica Olivas, ex gerente de calidad y procesos en Modasa

La calidad no es un área. No es un departamento, ni una certificación ISO pegada en una pared. La calidad es una cultura, y como tal, comienza con la forma en que las personas piensan, trabajan y se relacionan con los procesos todos los días. En el Perú, después de años de ajustes post pandemia, inflación global, y presiones del entorno competitivo, muchas empresas están redescubriendo esta verdad: no basta con controlar, hay que transformar.


Durante mi carrera en gestión de calidad y procesos, he podido acompañar desde dentro los esfuerzos de grandes industrias porintegrar sistemas de gestión, fomentar la práctica Lean y convertir las mejoras en parte de la cultura organizacional. Pero lo que siempre ha marcado la diferencia entre el éxito y el estancamiento no han sido las herramientas en sí, sino la capacidad de cambiar la mentalidad de las personas.

Hoy, el gran reto no es solo técnico. Es humano y cultural. Muchas organizaciones siguen operando bajo una lógica reactiva: corregir errores cuando ocurren, ajustar procesos cuando ya hay quejas, formar al personal solo cuando hay fallas repetidas. Pero este enfoque ya no es sostenible. En un contexto de exigencia global, presión por eficiencia y consumidores más informados, la cultura de calidad debe ser preventiva, transversal y estratégica.

En el caso peruano, especialmente en los sectores manufactureros e industriales, aún hay una gran oportunidad: pasar de una visión de “cumplimiento” a una de “excelencia”. ¿Qué significa esto? Que debemos dejar de pensar en la calidad como un requisito impuesto desde afuera (por clientes, auditorías o certificaciones), y empezar a practicarla como parte esencial de la manera en que hacemos empresa. Esto requiere liderazgo, disciplina, comunicación, pero sobre todo: formación continua del talento humano.

He visto cómo, cuando se forma y acompaña adecuadamente a operarios, supervisores, técnicos y administrativos, no solo mejoran los indicadores de producción: mejora el compromiso, la motivación y el clima laboral. La mejora continua no ocurre por decreto: se construye desde el taller, desde el piso de planta, desde la escucha activa al equipo que vive los procesos en tiempo real.

Hoy más que nunca, el Perú necesita fortalecer su competitividad industrial. Pero ese fortalecimiento no vendrá solo con automatizar procesos o incorporar nuevas tecnologías. Vendrá con personas que entienden lo que hacen, por qué lo hacen, y cómo pueden hacerlo mejor cada día. La calidad se construye en cada decisión diaria, no es un reconocimiento o premiación anual. 

En mi rol como docente y asesora, busco  transmitir a los nuevos profesionales un mensaje claro: no trabajamos para cumplir un estándar, trabajamos para superar expectativas. Y eso empieza por entender que la cultura de calidad no se impone, se vive y se construye con cada acción diaria.

El reto para las empresas peruanas en esta etapa de recuperación y transformación es claro: invertir en cultura, invertir en personas, y construir una visión compartida de excelencia. Solo así pasaremos de empresas que reaccionan a empresas que lideran.

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